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viernes, 24 de diciembre de 2010

Piratas

El Índico, un océano lleno de sorpresas
                             El golfo de Bengala



Durante la primera hora de guardia sobre las tres de la madrugada, observé las luces de un barco, por proa a babor, pero bastante lejos como para inquietarse. Las luces poco a poco se fueron haciendo grandes hasta que dejaron adivinar las formas de un gran pesquero.

Para evitar cualquier confusión comprobé que las luces de navegación funcionaban bien. El pesquero cambió de rumbo y se fue acercando tanto, que se puso navegando paralelo al JoTaKe a unos setenta metros, aunque en la oscuridad de la noche se hace muy difícil calcular las distancias.  El pesquero enfocó sus proyectores hacia el velero, y comencé a  recelar algo, ya que habiendo respondido con el proyector del velero, el junco chino,  ya claramente visible bajo el proyector, comenzó a realizar extrañas maniobras. Lo llamé repetidas veces por radio pero nadie respondió.


leer el capítulo completo de los PIRATAS ... del libro Aventura a toda vela


Piratas del Caribe La Maldicion de la Perla Negra
Banda sonora
Extraído de Youtube. 




miércoles, 24 de noviembre de 2010

Los barcos, los Jo Ta Ke.

El primer Jo Ta Ke
  El segundo Jo Ta Ke

Con una familia, ( mujer y dos niños pequeños, de 9 y 8 años),  viajar por tierra suponía unos gastos considerables, muy superiores a mis medios.  El comprar un camión o un autobús para convertirlo en caravana suponía una inversión fuera de mi alcance, y el comprar una caravana para cuatro personas  que sirviera además como morada permanente una meta casi similar a la de comprarme un velero de 12 metros para vivir en él. Pero había una gran diferencia, si el transporte de tierra debía comprarlo, el velero lo podía construir yo totalmente. Cuatro personas pueden convivir un tiempo corto  en un lugar reducido, pero a medida que aumenta el tiempo de convivencia  las relaciones se vuelven insoportables salvo en los contadísimos casos de convivencia perfecta. 
  Todas las posibles vías de evasión  abocaban ineludiblemente a la mar como camino y al velero como vehículo. El coste del combustible para  transporte sería prácticamente gratuito (el viento todavía no nos lo cobran, pero llegará el día en que lo hagan), y las reparaciones las podría realizar yo mismo; para ello tendría que aprender mucho todavía, pero  podríamos cambiar de islas y continentes por nuestros propios medios, y además, en la mar, siempre tendríamos más oportunidades de encontrar alimentos que en tierra, porque éramos cuatro para comer. 
  ¿Y los riesgos?  En la mar estaban los peligros de  la meteorología nada desdeñables; por otro lado, la soledad en el vasto océano sin nadie a quien recurrir, !ah!, además estaban los piratas. A éstos los consideraba  muy lejos, casi en el límite de la ficción; ¡qué confundido estaba!.  Por tierra los peligros se centraban precisamente en la gente; cuanta más gente encontráramos más posibilidades habría de toparse con ladrones.  Los atracadores de tierra se transforman en  piratas en la mar. Pero además en la mar los piratas  se pueden permitir desmanes que los ladrones en tierra no se atreverían a hacer.  A pesar de ello estaba claro que el velero por el vasto océano era la mejor forma de escape.
  Decididamente comenzaría de cero, es decir desde los planos. Y así comenzó mi camino autodidacta en la construcción del JoTaKe.