El segundo Jo Ta Ke
Con una familia, ( mujer y dos niños pequeños, de 9 y 8
años), viajar por tierra suponía unos
gastos considerables, muy superiores a mis medios. El comprar un camión o un autobús para
convertirlo en caravana suponía una inversión fuera de mi alcance, y el comprar
una caravana para cuatro personas que
sirviera además como morada permanente una meta casi similar a la de comprarme
un velero de 12 metros
para vivir en él. Pero había una gran diferencia, si el transporte de tierra
debía comprarlo, el velero lo podía construir yo totalmente. Cuatro personas
pueden convivir un tiempo corto en un
lugar reducido, pero a medida que aumenta el tiempo de convivencia las relaciones se vuelven insoportables salvo
en los contadísimos casos de convivencia perfecta.
Todas las posibles vías de evasión
abocaban ineludiblemente a la mar como camino y al velero como vehículo.
El coste del combustible para transporte
sería prácticamente gratuito (el viento todavía no nos lo cobran, pero llegará
el día en que lo hagan), y las reparaciones las podría realizar yo mismo; para
ello tendría que aprender mucho todavía, pero
podríamos cambiar de islas y continentes por nuestros propios medios, y
además, en la mar, siempre tendríamos más oportunidades de encontrar alimentos
que en tierra, porque éramos cuatro para comer.
¿Y los riesgos? En la mar
estaban los peligros de la meteorología
nada desdeñables; por otro lado, la soledad en el vasto océano sin nadie a
quien recurrir, !ah!, además estaban los piratas. A éstos los consideraba muy lejos, casi en el límite de la ficción;
¡qué confundido estaba!. Por tierra los
peligros se centraban precisamente en la gente; cuanta más gente encontráramos
más posibilidades habría de toparse con ladrones. Los atracadores de tierra se transforman
en piratas en la mar. Pero además en la
mar los piratas se pueden permitir
desmanes que los ladrones en tierra no se atreverían a hacer. A pesar de ello estaba claro que el velero
por el vasto océano era la mejor forma de escape.
Decididamente comenzaría de cero, es
decir desde los planos. Y así comenzó mi camino autodidacta en la construcción del JoTaKe.